Aprovechando las cálidas temperaturas de este otoño decidimos ir a la cuna de nuestra familia, a Valdemoro y Peñazcurna, los pueblos sorianos de los que proceden nuestros padres. Una batida de caza nos impidió llegar a ellos, así que decidimos contemplarlos desde Lado Frío, en plena Sierra de Alcarama.
El joven pinar de 40 años, los mismos de la no existencia de mis pueblos, nos recibió cuajado de todo tipo de setas: boletus, níscalos, pie azules, amanitas,...y muchas más cuyos nombres desconozco. Unos carteles nos anunciaron que toda la zona, como otras de Soria, se había convertido en un coto vedado, y que para recoger esos pequeños manjares había que pagar un canon. Me alegró la medida, pues en los últimos años eran muchos los desaprensivos que venían de determinadas zonas de España y arrasaban no solo con las setas, sino también con el bosque, al que sembraban de basuras no biodegradables.
Pero como hija de esos pueblos, que mi familia tuvo que abandonar por su miseria, me sentí con el derecho de recoger un par de cestas de níscalos, como pago por los muchos pinos que mi padre plantó antes de tener que alejarse de esa adusta, pero querida tierra.
A los que se quieran acercar a la Sierra de Alcarama y recolectar setas les recomiendo que antes paguen la cuota correspondiente, pues la vigilancia de los guardias forestales es más que exhaustiva. Pueden informarse en el Centro de la naturaleza Río Izama (tlf.:975 31 24 46).
Pero a parte de la proliferación de setas, la otra sensación del día fue oir y ver a las grullas en su organizado viaje hacia el sur. Era la primera vez que las volvía a ver y oir desde mi infancia.
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